Editorial de la casa
La brasa como oficio,
la carne como palabra.
En el centro de Calella, una parrilla argentina defiende una idea sencilla: buen fuego, buen corte y tiempo suficiente para que la mesa no tenga prisa.
La cocina argentina llegó a este rincón del Maresme sin estridencias: una parrilla encendida temprano, unos cortes elegidos con criterio y la costumbre de no servir nada antes de tiempo. Aquí la brasa no es decorado, es método. El rescoldo marca el ritmo y la carne obedece.
Lo llaman «grill house», pero el corazón es el de un asador de toda la vida. El chuletón se sella a fuego fuerte y se deja reposar; la entraña se tuesta fina; el asado de tira pide horas. Nada de atajos. La sal en escamas se añade al final, cuando el jugo ya ha hecho su trabajo.
A la carne la acompañan una sangría que los comensales recuerdan del verano y una bodega pensada para la brasa. Y para cerrar, una panna cotta fría y suave, por si alguien todavía tiene hueco. La receta completa, más abajo, en la sección de la carta.
- 4,9Valoración de comensales
- ★Distinguido con el Travellers' Choice
- 100%A la brasa, a la vista


